Australia impulsa la extracción de 'oro blanco'
El acceso al llamado oro blanco se ha convertido en un asunto estratégico en los últimos años. La expansión del vehículo eléctrico, el almacenamiento de energías renovables y la digitalización han incrementado la demanda de litio hasta niveles que el reciclaje no puede cubrir por sí solo. Ante este escenario, la identificación de nuevas fuentes y técnicas de extracción ha pasado a ser prioritaria.
Australia, uno de los principales productores mundiales, explora alternativas para reforzar su papel en el mercado. Además de los minerales más explotados, investigadores del país analizan el potencial de una roca conocida desde hace siglos, aunque con menor protagonismo industrial.
En el contexto de diversificación de materias primas para la extracción de «oro blanco», minerales como la lepidolita, la ambliogonita y especialmente la petalita han despertado interés. Hasta ahora, la espodumena ha concentrado la mayor parte de la producción debido a su alta concentración de litio y a procesos industriales ya consolidados.
La dependencia de una única mena implica riesgos para la estabilidad de las cadenas de suministro. Por ello, la petalita se perfila como una alternativa que podría ampliar las fuentes disponibles. El auge del litio responde al papel central de las baterías de ion-litio en la transición energética y en múltiples dispositivos electrónicos.
La petalita, o castorita, es un filosilicato de litio y aluminio con fórmula LiAlSi₄O₁₀. Cristaliza en el sistema monoclínico y presenta tonalidades que van del blanco y gris al incoloro o rosado. Su dureza se sitúa entre 6 y 6,5 en la escala de Mohs.
Se localiza en pegmatitas ricas en litio, junto a espodumena y lepidolita. Existen depósitos relevantes en África, América y en Australia Occidental, especialmente en los cratones de Yilgarn y Pilbara. Además de su potencial como fuente de «oro blanco», ya se emplea en la industria del vidrio y la cerámica por su baja expansión térmica y reducido contenido en hierro. Algunas variedades transparentes se utilizan como gemas.
Históricamente, la petalita fue descubierta en 1800 en la isla sueca de Utö y permitió la identificación inicial del elemento litio. Sin embargo, su explotación como mena principal ha sido limitada en comparación con la espodumena.
Uno de los principales desafíos es el proceso de extracción. Aunque su composición es relativamente simple, liberar el litio requiere tratamientos térmicos y de presión adicionales para modificar su estructura cristalina y facilitar el posterior procesamiento químico. Esta complejidad ha restringido su desarrollo comercial.
En este contexto, la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO) trabaja en nuevos métodos para optimizar la producción. Con apoyo del programa australiano de I+D en minerales críticos, ha desarrollado un procedimiento denominado LithSonic.
Este sistema deriva de una tecnología anterior, MagSonic, y busca resolver la elevada reactividad del litio a altas temperaturas. Durante su obtención, el metal se encuentra en estado de vapor y puede recombinarse con rapidez si no se enfría de forma inmediata.
LithSonic incorpora un flujo supersónico que permite un enfriamiento ultrarrápido mediante ‘shock quenching’, estabilizando el litio antes de que vuelva a reaccionar. Según la CSIRO, el método podría aplicarse a distintos minerales con contenido en litio, incluida la petalita, y producir el metal en polvo o lingotes aptos para baterías, electrónica o aleaciones.
Si alcanza escala industrial, esta tecnología podría contribuir a diversificar la producción de «oro blanco» y reducir el impacto ambiental asociado a su obtención.