“No a la guerra”… Pero de doy 1000 millones pa' la guerra

No a la guerra, pero solo para elecciones.
No a la guerra, pero solo para elecciones.

A ver cómo se defiende la recuperación del lema “no a la guerra” como instrumento electoral —cuando el rechazo a la guerra y la búsqueda de la paz es un sentimiento universal— al mismo tiempo que se firma con Zelenski un acuerdo de colaboración para fabricar misiles y drones con los que Ucrania se defienda y ataque a Rusia.

A ver cómo se explica que el Gobierno presente este viernes medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Medio cuando llevamos tres años sin presupuestos, Bruselas sigue exigiendo información sobre los fondos concedidos y tendremos dificultades para acceder a créditos si previamente no presentamos nuestras cuentas.

Los españoles estamos en una situación devastadora, y al frente del timón se encuentran un presidente y ministros que no dan la talla; en vez de aportar soluciones, se dedican a descalificar a la oposición. Renfe anuncia la creación de una filial de autobuses para atender a los pasajeros de los trenes que deja colgados por obras o retrasos, lo que significa que Óscar Puente no sabe cómo abordar la crisis de la alta velocidad. Ni siquiera existe certeza sobre las causas del accidente de Adamuz.

Málaga sigue sin AVE, una ruina para los negocios y las decenas de miles de familias que viven gracias a la Semana Santa. Y eso mismo ocurre a lo largo y ancho del país, que se queda sin turismo estacional porque los retrasos ferroviarios, cuando hay servicio, pueden ser más largos que el propio trayecto.

El litro de gasolina o gasóleo se acerca a los dos euros, de los que aproximadamente la mitad son impuestos. La carestía provoca el incremento inmediato del precio de la luz, del transporte, de la cesta de la compra y de todo lo que forma parte de nuestra vida cotidiana.

Nos encontramos en pleno proceso de regularización de inmigrantes que, tal como se ha planteado, parece más un coladero que una regulación. Empiezan a sonar alarmas ante las miles de solicitudes, no solo de quienes buscan trabajar, sino también porque en amplias zonas de África se sabe que en España la sanidad pública es para todos, incluidos los no regularizados. Aceptar inmigrantes es un asunto humanitario y también una necesidad —falta mano de obra—, pero regular sin control, con fines electoralistas, puede provocar un colapso de consecuencias imprevisibles.

La guerra de Oriente Medio es una catástrofe humanitaria y económica. Pero si, además del bloqueo de Ormuz y de los bombardeos de Israel y Estados Unidos sobre instalaciones clave de petróleo y gas en el Golfo e Irán, estamos en manos de un gobierno que promete ayudas sin respaldo presupuestario y aumenta los impuestos, el futuro no puede ser más negro.

Ojalá este viernes el Consejo de Ministros anuncie medidas que nos permitan respirar. La clase media española es hoy, probablemente, la más desatendida de Europa.

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